Pese a que el sol brilla en Buenos Aires, este domingo la única preocupación de los argentinos es la gran final del Mundial 2026 contra España. Las calles, usualmente bulliciosas, viven una calma tensa mientras la hinchada se prepara para el decisivo encuentro, desechando casi cualquier actividad más allá de la pasión futbolera.
Con un asado como bandera de unidad familiar, Ulises Tokman comparte: «Vine a comprar carne para hacer un asado para almorzar en familia y relajarnos. Estamos con mucho nerviosismo y estrés», mientras que Mariela Gorsd, vestida de albiceleste y armada de facturas dulces, se aferra a la esperanza: «Esta selección es para la historia».
Las casas y bares están a reventar, y el ambiente festivo se siente en cada rincón, adornado con banderas argentinas. Javier Vicente, que también se une a los preparativos, siente la adrenalina: «La final fue con Inglaterra, pero hoy se vive de otra manera».
A medida que se acerca la hora, los supermercados cierran sus puertas anticipadamente y hasta las iglesias suspenden las misas. Buenos Aires se viste de esperanza y equipo, esperando ver a su selección atrapar la cuarta estrella mundialista.
El transporte público mantendrá su ritmo, aunque con menos frecuencia, con el único objetivo de permitir que cada hincha llegue a su destino para alentar a la Albiceleste en la decisiva batalla del fútbol mundial.



















