Pese a que se esperaba una fiesta futbolera, el Clásico del Astillero se vio empañado por la violencia. El bus que transportaba al plantel de Barcelona SC llegó al estadio George Capwell con los vidrios destrozados tras un ataque de hinchas de Emelec, lo que encendió las alarmas antes del crucial encuentro.
La situación escaló cuando la Policía lanzó gas pimienta para dispersar a los agresores, afectando a los jugadores ‘canarios’, quienes descendieron del vehículo tosiendo y cubriéndose la cara con sus camisetas. Un momento lamentable que recordó a todos que el fútbol debe ser una celebración, no un campo de batalla.
En medio de esta tensa atmosfera, la incertidumbre se apoderó de los asistentes: ¿se jugaría o no el partido? A tan solo 30 minutos del inicio, los futbolistas de Emelec salieron a calentar al césped, mientras que los del ‘Ídolo’ permanecieron en el vestuario, evidenciando la tensión entre las hinchadas.
El inicio del encuentro, pautado para las 18:10, se retrasó hasta las 18:40, dejando a todos expectantes. La tensión no solo se sintió en las gradas, sino en las calles, donde hinchas de Barcelona se aventuraron a pintar de amarillo los murales de Emelec en un acto desafiante que encendió aún más los ánimos.
Ante este panorama, la emoción por vivir un Clásico repleto de tradiciones y rivalidad quedó opacada por la violencia, un recordatorio de que el deporte, en ocasiones, pierde su esencia.



















