Pese a que el cierre no fue el soñado, Neymar anunció su retiro definitivo de la selección brasileña tras la dolorosa eliminación por 2-1 ante Noruega en los octavos de final del Mundial 2026. En el MetLife Stadium, con lágrimas en los ojos, el astro cerró un capítulo que comenzó en 2010, lleno de récords, lesiones y críticas constantes.
“Lo intenté, y ahora terminó”, fue su frase, breve y cargada de emoción, que resumió el desenlace de su trayectoria en la Canarinha. De manera simbólica, su último gol, un penal que elevó su cuenta a 80, no logró mitigar la frustración colectiva por un torneo que se tornó en una decepción.
El escenario de su despedida, el mismo donde debutó, le otorgó un peso especial al momento. Neymar, figura indiscutible y controvertida, deja la selección como su máximo goleador histórico, mientras que su carrera estuvo marcada por logros, pero también por esas ausencias en el Mundial que tanto anhelaba.
Su camino estuvo repleto de éxitos, como el oro olímpico en Río 2016 y una plata en Londres 2012, pero el constante peso de las expectativas exigió mucho de él, especialmente en cada lesión y eliminación. Así, su historia internacional se presenta como un dilema: un talento fuera de serie, pero atormentado por la búsqueda de la gloria máxima.
La salida de Neymar ahora plantea grandes interrogantes para el cuadro ‘Canarinho’. Carlo Ancelotti, a cargo de la reconstrucción, deberá formar un nuevo proyecto sin la figura central que tantas veces resolvió los partidos difíciles. El futuro de Brasil se dibuja incierto, pero lleno de juventud y talento, aunque sin la magia del ‘10’ que tanto se necesitaba.
“Neymar se va sin la Copa del Mundo que tanto anheló”, y esa será una espina que perdurará en la memoria de la hinchada brasileña. Su legado, en la balanza de la historia, representa tanto un artista de la pelota, como un príncipe que nunca pudo ser rey.



















