Pese a la histórica victoria de Argentina sobre Inglaterra por 2-1 en las semifinales del Mundial, la celebración en el Mercedes-Benz Stadium se tornó controversial cuando los jugadores desplegaron una pancarta en apoyo a las Malvinas, un gesto que generó la inmediata protesta del gobierno británico, que exige a FIFA investigar el posible uso de mensajes políticos en la cancha.
El presidente argentino, Javier Milei, se pronunció al respecto y afirmó: «Es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos y es perfectamente válido y lícito que ellos se quieran expresar». Aún así, pidió no mezclar el fútbol con la disputa diplomática por el archipiélago, recordando las palabras del entrenador Lionel Scaloni y los veteranos de la guerra de 1982.
Milei continuó con un mensaje de unidad, indicando: «Un partido de fútbol es un partido de fútbol» y resaltó que el enfoque debe estar en la competencia y no en el conflicto territorial. Al respecto, enfatizó: «Las Malvinas son argentinas, las vamos a recuperar y lo vamos a hacer en el plano diplomático».
Este gesto cargado de simbolismo para los argentinos, que recuerda la trágica guerra en donde perdieron 649 compatriotas, ha provocado reacciones ofensivas en el Reino Unido. Un portavoz del primer ministro, Keir Starmer, fue contundente: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas definitivamente lo son».
Con esta situación de trasfondo, la selección argentina se alista para la gran final del Mundial, a disputarse el 19 de julio contra España, donde buscarán llevarse la gloria.



















