Pese a que la ilusión de la hinchada estaba en su punto más alto, la selección ecuatoriana sucumbió ante México, dejando en el suelo un sueño que ardía con fuerza. Esta derrota no solo dolió en el corazón de los jugadores, quienes quedaron tendidos en la cancha del Estadio Azteca, sino que también marca el inicio de un inevitable recambio en el equipo nacional.
El técnico Sebastián Beccacece, con lágrimas en los ojos, se acercó a sus jugadores para brindarles consuelo, como si en ese abrazo colectivo que compartieron en el césped pudieran encontrar algo de esperanza amid el desconsuelo. Sin embargo, el final ya estaba escrito; la promesa de “hacer el mejor Mundial de la historia” se ha quedado en un simple eco.
Con el dolor a cuestas, varios jugadores dicen adiós, entre ellos Enner Valencia y Hernán Galíndez, que han dejado su huella en la Tri. Este es el momento en que nuevos rostros y talentos deberán asumir la responsabilidad de liderar el camino hacia un futuro incierto, mirando siempre hacia el horizonte de un nuevo Mundial.
La clasificación a los 16avos de final, aunque positiva, no puede ocultar que existen errores que deben corregirse si se desea vencer a selecciones que en el papel parecen inferiores. Ecuador debe subir su nivel y no sólo ilusionarse con victorias esporádicas.
Con la salida de Beccacece confirmada, la Federación Ecuatoriana de Fútbol deberá apresurarse en la búsqueda de un nuevo estratega, mientras la hinchada espera volver a ver a la Tri en acción, algo que no sucederá hasta dentro de un par de años. Así, el futuro se presenta incierto, pero con la esperanza intacta en cada rincón del país.



















